Esta frase del doctor David Barrios nos hace pensar que llegar a la tercera edad con el ejercicio pleno de nuestra sexualidad, es algo así como el haber vencido una larga carrera de obstáculos.
Los hay de todos tipos, de diversos grados de dificultad y de todas las alturas, algunos podrán ser librados sin problemas, pero otros no tanto. Si todavía no llegamos a la tercera edad, hombres y mujeres tenemos muchos retos por vencer.
Las complicaciones no empiezan a los 60 años cumplidos, sino un poco antes. Por ejemplo, muchas personas tienen gran dificultad para conseguir trabajo después de los 40, no es una novedad decir que nos sentimos altamente devaluados cuando la edad empieza a ser una limitante para el empleo, te contratan con bajos sueldos o de plano te dan las gracias.
A los varones les provoca fuertes estados depresivos, momentos críticos de autodevaluación que en muchos casos se presentan al mismo tiempo que la crisis propia de la edad: "Ya no soy tan joven como antes", "tengo que probarme que todavía puedo conquistar a una mujer", "quiero comprar una moto para salir de la ciudad", etcétera. Así que a la par de los procesos personales hay que enfrentar aquellos a través de los cuales la sociedad nos hace sentir inútiles, desechables. Se requiere de un gran esfuerzo de recuperación, de evaluación de nuestras capacidades.
Para las mujeres el efecto es semejante, pero se agrava cuando se le suma el aspecto físico. Dicen que un hombre con canas se ve "interesante", pero una mujer se ve "vieja"; un varón puede tener "panza" y estar calvo, pero a una mujer no se le perdona que sus formas hayan sido vencidas por la "ley de gravedad".
La juventud es otra de las características que se sobrevaloran. Dejar de verte joven, tener un cuerpo con varios centímetros de más en todas partes es otro punto en contra. Socialmente se nos señala, pero lo peor es que este señalamiento tiene un efecto negativo en nosotros (as) que se traduce en un "ya no valgo lo mismo". A veces hay que reconstruir la autoestima hecha pedazos.
¿A todos nos pasa lo mismo?
La evolución (¿o el deterioro?) de nuestro organismo nos lleva a empezar a enfrentar "situaciones propias de la edad", o bien, las enfermedades producto de nuestro estilo de vida. Para el primer caso estarían el climaterio y la menopausia, procesos naturales de la condición femenina pero que para muchas es como una sentencia de muerte.
Los cambios hormonales pueden hacerle "cosquillas" a unas mujeres, pero a otras puede provocarles severas, o por lo menos, muy incómodas complicaciones. ¿No lo ha escuchado? Una forma de agredir a una persona es diciéndole "pareces menopáusica", hasta allí ha llegado la devaluación de este proceso.
Para el segundo caso, nos encontraríamos con las consecuencias propias de una mala alimentación (obesidad, colesterol, azúcar alta, hipertensión, etcétera); o de malos hábitos como el tabaquismo (falta de erección, baja cuenta espermática); o de plano de adicciones como el alcoholismo o la adicción al trabajo pueden afectar directamente nuestra calidad de vida sexual. Estas personas se olvidan de la pareja, de la familia y buscan solamente en el trabajo su máxima satisfacción, es probable que algunos la encuentren, pero otros al final del camino hallan solamente soledad y abandono, no cualquiera soporta vivir con un "workoholic". Así que muchas personas llegan a la tercera edad con parejas fracturadas, divorcios no resueltos o de plano solos, solos, solos. Y claro, la vida sexual se dificulta si la relación de pareja es mala o de plano dejó de existir.
La aparición de enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión e incluso la depresión, afectan directamente la vida sexual provocando disminución del deseo, falta de lubricación, de erección, dolor durante la relación, pero también la sexualidad se ve alterada por el uso de algunos medicamentos, que afectan la erección o el deseo, por eso su empleo debe ser supervisado por un médico, que deberá advertirnos de los efectos colaterales o sustituirlos por otros.
Mitos en la tercera edad
Bueno, después de esta carrera de obstáculos, algunos llegan y se enfrentan a sus propios mitos y creencias que limitan su sexualidad. La primera es creer que no tienen derecho a ejercerla, que sólo la juventud y la reproducción son los únicos motivos para vivirla. Están equivocados. Las relaciones sexuales se pueden practicar en esta etapa de la vida con el único objetivo de dar y recibir amor y placer. Así que por favor, no se limite.
Otra idea equivocada es aquella que dice "Si lo hago muchas veces me puede afectar el corazón o mi salud en general". No, los orgasmos son una forma de alimentar el cuerpo y el alma, no existe un "medidor" del número de veces que "se debe hacer" o "no hacer" el amor. El placer le producirá bienestar, compañía. No cuente el número de veces, disfrútelas.
Que las erecciones no son firmes ni tan prolongadas como antes es cierto, el cuerpo ha cambiado, pero se puede auxiliar con las diversas alternativas que la ciencia ha creado. Que la lubricación ha menguado, es cierto, pero ahora existen varias marcas de lubricantes diseñados ex profeso para solucionar ese pequeño problema. Esto es si nos ponemos muy estrictos y pensamos en el coito, pero existen parejas que pueden experimentar placer y amor sólo con caricias, con la cercanía de los cuerpos desnudos. El menú es tan amplio como su imaginación lo permita, y puede aplicarlo aun si carece de pareja. El autoerotismo o masturbación es igualmente saludable.
Llegar a la tercera edad con el ejercicio pleno de nuestra sexualidad es todo un logro, un éxito. Si lo alcanzó, le felicito, pero si todavía no, este es el momento de replantearnos cómo queremos llegar a la tercera edad. Las personas somos producto de nuestra historia y si no la tomamos con responsabilidad es probable que nos cueste más trabajo conseguir lo que deseamos. Mantenernos con salud física, emocional y sexual es todo un reto, pero vale la pena, ¿no lo cree así?
Fax: 5424-0771 patricia.kelly@eluniversal.com.mx